A veces la vida tarda… pero no se equivoca.
Estoy enamorado de la misma mujer desde hace más de 30 años.
Desde que éramos apenas unos niños que no entendían nada de la vida, pero ya sabían algo importante… que cuando coincidíamos, algo se sentía distinto.
La vida nos llevó por caminos separados, nos hizo crecer, equivocarnos, aprender, vivir historias completas lejos el uno del otro… y aun así, de alguna forma, nunca dejamos de existir en algún rincón del otro.
Hoy nos volvimos a encontrar.
Y no como aquellos niños, sino como dos personas que ya vivieron, que ya entendieron lo que pesa la vida, lo que cuesta amar, lo que significa elegir.
Y aun así… nos elegimos.
Nos elegimos en lo cotidiano, en una cocina, en una canción, en un baile torpe en la sala, en una risa que llega sin avisar.
Nos elegimos en lo simple… que termina siendo lo más importante.
No sé si esto es destino, casualidad o simplemente dos personas que nunca dejaron de buscarse del todo.
Pero sí sé algo…
Que después de tantos años, de tantas vueltas, de tantas versiones de nosotros mismos…
volver a encontrarnos…
y sentir esto…
no es poca cosa.
Y no lo pienso soltar.
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